El 27 de septiembre se celebra el Día Mundial del Turismo, y pocas fechas son mejores para recordar que España tiene mucho más que ofrecer que sol y playa en agosto. El otoño es la mejor época del año en buena parte del país. Los precios bajan, la masificación disminuye y los atardeceres y la noche ganan protagonismo. Si estás pensando en una escapada para los próximos meses, en Slingo Casino te proponemos cinco lugares nacionales que en otoño están especialmente bien.
Logroño (La Rioja)

Pocas experiencias hay más arraigadas al otoño español que la vendimia en La Rioja, y Logroño es el mejor sitio desde el que vivirla. Las Fiestas de San Mateo, que se celebran a finales de septiembre, llenan la ciudad con el pisado de la uva, la ofrenda del primer mosto a la Virgen de Valvanera y un ambiente festivo que mezcla tradición, gastronomía y el buen vino. Pero más allá de las fiestas, Logroño es un destino que funciona en cualquier fin de semana.
La calle Laurel concentra uno de los mejores circuitos de tapas y pintxos de todo el país, y las bodegas de los alrededores hacen catas que merecen el viaje por sí solas. Es uno de esos destinos que sorprenden más y que, además, en otoño se puede disfrutar de un clima fresco tan propio del norte de España, especialmente ya desde finales de septiembre.
La Selva de Irati (Navarra)

Para quienes buscan disfrutar de la naturaleza en estado puro, la Selva de Irati es uno de los bosques más impresionantes de Europa y en otoño tiene un punto diferente al del resto del año, incluso difícil de hacer justicia a través de las fotografías. Situada en los Pirineos navarros, es el bosque de hayas y abetos más grande de la Península Ibérica, y cuando las hojas empiezan a cambiar de color a partir de octubre, el paisaje es especialmente bonito.
Las rutas de senderismo atraviesan el bosque junto a ríos y embalses de agua cristalina. Hay que destacar que el silencio es casi total y los pueblos de los alrededores, como Ochagavía, tienen toda la esencia del Pirineo navarro. En definitiva, una escapada para las que prefieren botas de montaña a maletas de ruedas y mucha tranquilidad para conseguir esa paz mental que tanto buscamos durante el año.
Cáceres

Cáceres es una de esas ciudades que en otoño funcionan de manera especial. El centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es uno de los conjuntos medievales mejor conservados de toda Europa, y con las suaves temperaturas del otoño extremeño y sin las colas del verano, recorrerlo es una experiencia completamente diferente.
Las torres, los palacios renacentistas, las iglesias y las plazas adoquinadas cuentan siglos de historia que la ciudad tiene la virtud de enseñar sin que parezca un museo. La gastronomía extremeña, con el ibérico, el queso de la Serena y los vinos de Cañamero, también merece una mención especial. Y si se aprovecha la visita para acercarse al Monasterio de Guadalupe o a la comarca de las Hurdes, el viaje acaba siendo de sobresaliente.
Sitges (Barcelona)

Sitges tiene la ventaja de ser una ciudad que funciona en todas las épocas del año, pero en otoño tiene algo especial que en verano es imposible encontrar. Sí, nos referimos a la calma y la tranquilidad. La masificación de agosto desaparece, los precios bajan y la ciudad vuelve a ser ese pueblo marinero lleno de casas modernistas y terrazas con vistas al mar que siempre ha sido.
Además, cada octubre, el Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña, uno de los festivales de cine de género más importantes del mundo, que lleva más de medio siglo convirtiendo la ciudad en un punto de encuentro del cine de terror, ciencia ficción y fantasía. Aunque no te interese el cine fantástico, Sitges en octubre es una de las mejores escapadas de temporada baja que existen a menos de cuarenta minutos de Barcelona.
Zaragoza

Zaragoza vive su gran momento del año el 12 de octubre, el día de la Virgen del Pilar, patrona de la ciudad y de España. Las Fiestas del Pilar convierten la capital aragonesa en un escenario de conciertos, teatro, muestras de artesanía, exposiciones y actividades para todos los públicos durante varios días seguidos, con la Ofrenda de Flores como momento central y más emocionante.
Pero Zaragoza merece la visita más allá de las fiestas. La Basílica del Pilar, el palacio de la Aljafería, el casco histórico y una oferta gastronómica que incluye algunas de las tapas más recomendables del país hacen de ella uno de los destinos más infravalorados de España. El otoño, con las temperaturas más suaves que el calor extremo del verano aragonés, es el momento perfecto para recorrerla con calma.









